La resiliencia en arquitectura sigue siendo un campo en construcción
06 de July de 2026
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En entrevista con Manon Pommiez, académica UdeC y directora del Magíster en Gestión y Arquitectura Resiliente para la Reducción del Riesgo de Desastres, se refiere a los desafíos en materia de resiliencia arquitectónica.
Aunque Chile convive permanentemente con desastres naturales y antrópicos, como terremotos, incendios forestales, inundaciones y otras amenazas, aún existen áreas donde el estudio de la resiliencia tiene importantes desafíos por delante. Una de ellas es la arquitectura. Así lo plantea Manon Pommiez Aqueveque, directora del Magíster en Gestión y Arquitectura Resiliente para la Reducción del Riesgo de Desastres (MAGAR) de la Universidad de Concepción.
La académica y egresada de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo ha dedicado gran parte de su trayectoria al estudio de la sustentabilidad, la eficiencia energética y la relación entre el entorno construido y los riesgos que enfrenta el territorio. Actualmente combina la docencia, una actividad que reconoce como una de sus principales vocaciones, con la participación en proyectos de consultoría vinculados a estas áreas.
“Me acredité como evaluadora energética del Ministerio de Vivienda y Urbanismo y tiempo después como certificadora de vivienda sustentable y entre medio he hecho varios cursos y especializaciones, como gestor energético en el área de construcción de la Agencia Chilena de Eficiencia Energética, entre otros. Trabajo mucho en el mundo privado, también público en distintos proyectos que tienen que ver con el diseño, básicamente y más que nada con la parte residencial, lo que me permite obviamente retribuir esto a mis clases, a la docencia”, comenta.
Su vínculo con el MAGAR comenzó en 2019, cuando se creó el programa y asumió la asignatura de Arquitectura Resiliente. Desde mayo del año pasado dirige el magíster, un periodo en el que lideró el proceso de reacreditación del programa ante la Comisión Nacional de Acreditación.
“Me tocó asumir este proceso. Por lo tanto, me aboqué mucho en esto el año pasado, lo sacamos adelante y nos acaban de dar el informe, tenemos cuatro años de acreditación. Así que estamos en una etapa de celebración”, comenta.
Un campo en construcción
Uno de los aspectos que más apasiona a Pommiez es el desarrollo conceptual de la resiliencia aplicada a la arquitectura. Si bien reconoce que se trata de un concepto ampliamente estudiado en otras áreas, considera que aún existe espacio para avanzar desde la disciplina arquitectónica.
“El concepto de resiliencia va a depender mucho de la disciplina que lo aborde. La resiliencia en psicología no tiene exactamente la misma definición que en ingeniería o en arquitectura, pero sí hay muchos puntos en común y varios tienen que ver con la capacidad de salir adelante luego de una catástrofe”, destaca.
En esta línea, la directora del MAGAR y Magíster en Diseño y Construcción Sustentable, recalca que “en el territorio hay bastante material, papers e investigaciones sobre la resiliencia. Pero en la arquitectura prácticamente casi es un terreno, un papel en blanco”. Esa constatación ha llevado al programa a explorar nuevas metodologías y enfoques para comprender cómo el diseño arquitectónico puede contribuir a enfrentar escenarios de riesgo.
Precisamente, fortalecer esa línea y avanzar hacia una modalidad híbrida, que permita a más interesados formar parte, serán los principales focos del proceso de actualización curricular que actualmente impulsa el programa.
Para Pommiez, una de las principales fortalezas del MAGAR radica en su enfoque formativo. "El Magíster es un producto único en su tipo, porque incorpora una visión integral del riesgo. Muchos abarcan la gestión, pero desde las amenazas socionaturales, un poco el fenómeno científico, técnico del desastre. Nosotros abarcamos eso, pero también la gobernanza, políticas, estrategias, la resiliencia comunitaria, entonces, en ese sentido es una tremenda apuesta y exigencia desde el punto de vista del cuerpo docente, de las materias que se imparten. Su origen interdisciplinario supone un desafío, pero también una tremenda ventaja”, refuerza.
La importancia del contexto
Para la docente de la FAUG, hablar de arquitectura resiliente exige comprender primero las características del territorio donde se emplazan las ciudades y edificaciones. “La arquitectura siempre va a depender del territorio”, sostiene. Desde su perspectiva, cualquier propuesta arquitectónica debe considerar las amenazas presentes en cada lugar, así como sus condiciones geográficas, climáticas y ambientales.
“Yo no puedo pretender hacer arquitectura resiliente si no estoy atendiendo primero al territorio”, explica. Ese análisis incluye identificar riesgos específicos, evaluar emplazamientos seguros y comprender las dinámicas propias de cada contexto. “Atender primero el territorio significa ver las amenazas existentes”, resume.
Al ser consultada sobre las características que debe tener en cuenta la arquitectura resiliente, la académica enfatiza que no existen soluciones universales, ya que cada zona presenta desafíos distintos.“Lo que nos tenemos que preocupar en la Patagonia es distinto que en Concepción, es distinto que en la costa, que en el centro, que en el norte”, recalca.
Comprender riesgos cada vez más complejos
La directora del MAGAR considera que Chile ha avanzado en materia de gestión del riesgo, aunque todavía existen importantes brechas por abordar. Uno de los principales desafíos, explica, es comprender que los desastres rara vez ocurren de forma aislada. “Hay que pensar en el riesgo multisistémico o en cascada. Por ejemplo, cuando se quema un bosque, después estamos expuestos a la remoción en masa, a los aluviones, porque la cobertura vegetal quedó desprovista”.
“La resiliencia no depende sólo de las medidas que tomen las instituciones preventivas o de mitigación, sino que también del conocimiento que tienen las comunidades y su capacidad de organización”.
En ese sentido, para Pommiez la articulación es clave. “Una buena organización, una buena junta de vecinos y una buena relación con las instituciones puede ser la mezcla ideal para este tipo de situaciones”, señala.
El carácter interdisciplinario del programa también se refleja en el perfil de quienes cursan el magíster. Aunque quienes ejercen la arquitectura representan el mayor número de estudiantes, el MAGAR reúne profesionales provenientes de múltiples disciplinas, como asistentes sociales, ingenieros(as) y prevencionistas de riesgo.
La directora también destaca el interés que esta formación despierta en profesionales de municipios, servicios públicos y organismos especializados como el Ministerio de Obras Públicas, el MINVU y el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres, Senapred. Entre sus egresados figura el director regional de este último servicio en Biobío, Alejandro Sandoval Kirkwood.
Según Pommiez, esta versatilidad también se expresa en las investigaciones desarrolladas por las y los estudiantes, cuyos temas de investigación abarcan desde incendios forestales y resiliencia comunitaria hasta propuestas vinculadas a educación, gobernanza y planificación territorial.
“Yo pienso que lo mejor que podemos hacer por los alumnos es darles esta visión integral y que ellos entiendan que la base para hacer cualquier cosa o tomar cualquier camino, es tener muchos conocimientos previos de distintas materias. Y eso es un poco lo que hacemos. Y así, si tú empiezas a indagar, uno se empieza a enamorar de las tesis porque cada alumno tiene una vocación distinta, eso te indica que esto da para mucho. Y eso es maravilloso”, destaca.